Estos días imparte un curso sobre la manipulación de la muerte en Murcia en las jornadas sobre tanatoestética y tanatopraxia organizadas por el Instituto Funerario Español y la Funeraria de Jesús
Murcia, España. - Jean Monceau es director del instituto francés de Tanatopraxia, creado en 1963 y primero de Europa en tal disciplina. Estos días imparte un curso sobre la manipulación de la muerte, es decir, la tanatopraxia, y del embellecimiento tras el óbito, o tanatoestética, en el tanatorio de Jesús de Murcia, a 15 alumnos, con el patrocinio del Instituto Funerario Español y la propia funeraria de Jesús. Reconocido especialista, uno de sus trabajos más destacados fue el embalsamamiento de la princesa de Gales.
- ¿Sintió algo especial cuando tuvo que ocuparse profesionalmente de Diana Spencer?
- En mi trabajo, que la persona sea alguien famoso o importante no cambia nada. Ante la muerte todos somos iguales. Se realiza un trabajo estrictamente técnico, con el respeto y la consideración que se merece un ser humano, aunque haya fallecido.
- ¿No le impone el tipo de trabajo que usted desarrolla?
- He trabajado con muertos desde que era joven y nunca me ha impactado prepararlos para que sus familiares y amigos lo encuentren con el mejor aspecto posible. Estar con los muertos no me da miedo, temo más a los vivos, son los que te pueden ocasionar más sufrimiento.
- ¿Es cierto que la expresión última que se queda en el rostro delata el carácter del difunto?
- No. Es un bulo que corre por ahí. En realidad después de la muerte se produce un relajamiento de los músculos y se crea una expresión de descanso. El rostro queda relajado, y sin muestra de sufrimiento.
-¿En la práctica de la tanatoestética hay modas?
- Lo que hay son costumbres o culturas distintas. En realidad con la práctica de ese trabajo lo que se pretende es quitar los signos negativos de la muerte, con el fin de que la familia y allegados queden menos afectados ante la última visión del ser amado, y les sea más fácil interpretar el trabajo psicológico del duelo. Su práctica es mucho más importante en los casos de muerte por accidente, ya que hay que recomponer los cadáveres, especialmente el rostro, a veces partiendo de cero, porque han quedado totalmente destrozados. Es un trabajo duro, que requiere muchos conocimientos.
-¿Hay muchas diferencias entre España y Francia, u otros países europeos, respecto al ritual funerario que usted practica?
- En general todo el mundo quiere que se realice un trabajo discreto; cuando no llama la atención, es cuando la gente valora más nuestro trabajo. Lo que cambia es el duelo inmediato. En España se entierra a las personas demasiado pronto, y no da tiempo a los familiares a elaborar su duelo. Los psicólogos dicen que eso es malo, porque hay que dar tiempo a que se asuma la muerte. En Francia existe menos la cultura del tanatorio. Nuestro trabajo se hace en las casas, y el velatorio puede durar varios días, hasta seis, por eso es más importante nuestro trabajo, porque la tanatopraxia ayuda a la conservación de los cadáveres. En general en Europa se tarda más en enterrar a los difuntos, porque hay que dar tiempo a que lleguen todos los familiares, que suelen estar bastante dispersos. Por eso en el 90% de los casos se realizan embalsamamientos.
- ¿Su trabajo ayuda a aceptar esa última mirada al ser querido?
- Sí. Eso se llama el síndrome de Blancanieves, porque en el fondo a todo el mundo le gustaría poder conservar al ser amado en una urna de cristal, y poder mirarlo siempre. La idea de que no se volverá a ver a la persona amada es insoportable.
- ¿Es difícil enfrentarse a la muerte día a día?
- Hay que poner mucho corazón en este trabajo. No se puede ser insensible. El difunto se merece ese último trato de cariño.
Fuente: http://www.laverdad.es